Triángulo Editorial

ENTREVISTA CESURA A LETICIA MARTINEZ

Por Agustín Buenadiego

  •  Se puede pensar que las mejores descollan, se lucen y ensombrecen a los demás, a los que quedan atrás o al costado. Pero hay una alquimia, la de la escritura de Leti, que invierte, trastoca, las valencias y destruye estas definiciones algo simplistas. Nos (de)muestra todo el barro que hay en el deseo, en la sed que se esconde en cualquier sobriedad. Con una escritura casi quirúrgica, donde no sobra nada (ni nadie), nos mantiene alertas, expectantes, al borde de un abismo ante el cual no terminamos de entender si necesitamos huir o quedarnos. La mejor de la ciudad es capaz de sosegar el llanto, andar por la casa de caza, contener a un lastimado y destruir la perfección -esa impertinencia que se premia demasiado. La mejor de la ciudad nos abre los ojos a la fuerza y nos invita a perdernos en el deseo, pero también en la calma secreta de una montaña, en el gesto hambriento de una vida dañada o en la certeza incurable de la muerte.   

Te leí decir sobre tu propia escritura que es como si anduvieras con un cuchillo en la mano ¿para cortar qué, a quién? ¿para defenderte de qué? ¿Qué diferencia hay, si es que la hay, en ese proceso creativo, entre tus cuentos y tu poesía? 

  • Lo pienso por varias cuestiones. Primero, por la cantidad de variables que tiene el cuchillo: es un utensilio de cocina, doméstico, se usa para comer y,  a la vez, puede ser un arma. Creo que la literatura debiera funcionar en esos mismos sentidos. Un cuento o un poema, que parecen inofensivos, debieran tener una cualidad profunda, por qué no, una violencia, ser un sacudón, el hacha que rompa el mar helado que hay dentro de nosotros, en palabras de Kafka. Algo así como el cross a la mandíbula del que hablaba Arlt. Creo que la literatura debiera generar una especie de conmoción. No le temo a la violencia le temo más a no sentir nada. La metáfora del cuchillo también me sirve para pensar desde donde corrijo y cómo. Me interesa más pensarme con un cuchillo en la mano que con una notebook en un café de especialidad. Hay algo del corte y de la precisión que también creo indispensable para escribir. Creo que es un modo de pensarme en ataque y defensa. Porque para mí escribir es un modo de defenderme de un mundo que me quiere anestesiada, de los enemigos que (desde los distintos poderes) intentan entristecerme y no me dejan soñar con otras vidas posibles. Quizás no existan pero mientras yo escriba si van a existir. Y ojalá eso también les suceda a quienes me leen. No creo en una literatura ni en un arte inofensivos. Las palabras no son inofensivas. Hay que hacerse cargo y disputar los sentidos desde lo discursivo, tanto en la ficción (o lo que escribamos) como en la voz pública. ¿Tus palabras no atraviesan las paredes?/Modificá tus palabras, escribió Vicente Luy. Por eso el cuchillo: me interesa cortar. Me importa tanto el filo como no hacer daño. Eso lo entiendo escribiendo.

En la poesía creo que la escritura me llega de un modo más directo. Las voces se manifiestan de modo más claro, casi como certezas. Después, la corrección es ardua y surgen las preguntas, el misterio y el territorio del poema adquiere otras dimensiones. Pero si estoy en disposición y en estado de escucha, la voz poética se manifiesta en mi escritura. El cuento, la narrativa en general,  me exige mucha más atención. Tengo que concentrar la energía para estar en ese estado, enfoco la atención en mis hijas y en los cuentos. No puedo mucho más. Creo que es porque me siento más insegura y desconfío bastante. Necesito sentirme fuerte físicamente, yo escribo con el cuerpo no con la cabeza. Entonces, me aislo. Los cuentos me toman por completo. Entro al universo del cuento y quiero vivir ahí. Lo vivo de modo bastante contradictorio porque no lo disfruto del todo pero, si no lo hago, padezco la vida. El cuento, en este sentido, para mi, es más tirano. Me demanda una atención que la poesía no. La poesía me sucede y el cuento es una especie de maquinaria infernal que tengo que desmenuzar y construir cada vez. Soy muy agradecida a la poesía y al estado poético en el que vivo. Por supuesto, lo que más disfruto es lo más terrible, la escritura de cuentos. 

¿Qué significa en tu práctica literaria el dictado de talleres, la enseñanza de la escritura? 

  • Todo lo que aprendí sobre escritura lo aprendí como alumna de taller. Para mí la formación de taller es indispensable. No la puedo separar de mi escritura. Cuando comencé a dar talleres sentí mucha responsabilidad porque yo vi, en mí y en otros amigos escritores, como el taller nos transformó y nos cambió la vida. Nadie tuvo que contarme si el arte sirve para algo o no sirve para nada. Entonces, esa responsabilidad, a la vez, fue una especie de confianza. Creo que lo que mejor hago es dar taller. No es algo que pensaba antes, lo empecé a pensar hace poco. En una conversación con una amiga, ella me hizo notar cuántos de mis talleristas, y ex talleristas, publican sus libros, reciben premios y menciones, los seleccionan para antologías. Y lo que valoro no es tanto que hayan recibido determinados reconocimientos sino que yo sé que cada quien no se creía capaz. Yo los/las vi dudar sobre sus textos o tener miedo. Entonces lo que aprendo y me llena de orgullo es la transformación. La posibilidad de inventarse un destino distinto que ofrece el arte.
    Yo coordiné y coordino talleres gratuitos con locos en espacios municipales, talleres pagos en centros culturales, espacios individuales y a todas y todos les sucede. Más tarde o más temprano, cuando hay confianza y trabajo sostenido, la voz de cada tallerista aparece y brilla. Esa persona se transforma para siempre. Yo me transformo en cada encuentro. Disfruto mucho de dar taller, es el trabajo que más placer me da. Disfruto de escuchar, de encontrar junto a otras personas caminos posibles. Es uno de los momentos en que rompo la soledad a la que me lleva la escritura.


¿Cómo elaboraste la potente unidad que hay en La mejor de la ciudad? 

  • Los cuentos de la mejor de la ciudad fueron escritos desde 2007, 2008, cuando comencé el taller de escritura. Y la corrección final, antes de enviarlo al concurso del FNA, fue en el verano de 2022. Me encerré ese verano a elegir, de tantos años de escritura, cuáles textos formarían parte de un libro de cuentos. En realidad, en ese momento, asumí que tenía un libro de cuentos. Yo había publicado poesía y novela, entonces no estaba tan familiarizada, desde mi escritura, con el armado de un libro de cuentos. Sí como lectora porque el cuento es, para mí, la forma más perfecta de la literatura. Tomé decisiones sobre el universo narrativo del libro. Saqué relatos que, para mi, no tenían que ver con esa ficción.  A mi me interesaba diseñar una especie de mundo con personajes e historias que tuvieran que ver con ese mundo. No pensé en que una historia tuviera que ver con la otra o si los personajes se parecían. Algo que, evidentemente sucedió, porque suelen decírmelo y me alegra ya que la obra se completa y complejiza necesariamente con los lectores. Yo quería construir una poética, una voz del libro, además de la voz de cada cuento. Supongo que eso debe tener que ver con mi amor por la poesía, no lo sé.  Me interesaba que cada cuento funcionara en ese universo. Ahí otra vez operé con el cuchillo. Sacar, cortar. Hay que bancarsela. Lo que no va, no va. 

Hay un hilo de ferocidad, de algo incontrolable, algo de sed insaciable que atraviesa a las mujeres, a “las mejores mujeres” de tus cuentos. ¿Qué hay en esa insistencia y en ese equilibrio casi fatal que parece gobernarlo todo por momentos? 

  • Me interesa esta pregunta porque es algo que no tengo del todo claro. Por un lado, para mi el cuento es un terreno que pide un equilibrio fatal. Por eso cuando un cuento es bueno lo sentís en la primera página, quizás en los primeros párrafos. La novela creo que permite más fugas, derivas. También creo que la sed y el hambre son las profundas motivaciones de mi escritura. Porque se repiten, porque esa ferocidad insiste de modo constante en todo lo que escribo. Está en mi poesía, en la novela y en lo nuevo que estoy escribiendo. 
    Y por otro lado, supongo que tiene que ver con esto que decía antes de la violencia. Yo soy una escritora producto de varias violencias y me hago cargo de esa persona que soy para hacerme cargo desde donde escribo. Además soy bastante bruta en mis modos, digo las cosas de modos que muchas veces molestan o lastiman a las personas que quiero. No es algo de lo que me enorgullezco pero no soy modosita. Tal vez prefiero que eso viva en la ficción de mis personajes y no en mí y se los presto un rato en los textos. O tal vez sea una forma de transformarlo. En el fondo, los personajes de La mejor de la ciudad están desesperadas por ser queridas. ¿Y quién no lo está? Más en esta época. Tal vez  sea eso lo que conmueve: que ellas lo asumen. 

¿Qué lugar o qué función ocupa lo no-humano (pienso, por ejemplo, en los animales, en la ciudad y el pueblo, en los hospitales, el alcohol) en el ecosistema de tus cuentos?

  • Me encanta esta pregunta porque son motivaciones qué vienen apareciendo mucho en lo nuevo que estoy escribiendo. Yo creo que las cosas hablan mucho de quienes somos. Que portan información en función a eso humano. En ese sentido soy absolutamente materialista. Y creo que todo lo vivido también es material. En el sentido de que ocupa espacio. El sonido es materialidad, los árboles, los animales. Pero, de algún modo, creo que todo tiene un espíritu secreto dispuesto a ser descubierto. Exige una especie de atención.  Y eso lo creo tanto para mirar el cielo como para mirar una pared blanca. Es el vínculo con la cosa o con lo vivo, es la mirada por sobre eso otro lo que ejerce fuerza de existencia. Y el espíritu de las cosas se presenta para ensanchar esa mirada de los personajes. Considero que hay que ser muy respetuosas con los elementos de la narrativa, nada está en el texto porque sí o porque queda lindo hablar de la flor de la calabaza, pensando como ejemplo el cuento con el que cierra el libro. Hay un alivio en el color amarillo y yo tengo que mostrar que así lo siente el personaje. Que el cambio de estación no es una excusa para hablar de la primavera y que eso quede supuestamente bello, sino una necesidad para que ese personaje descanse del monólogo interior de culpa en el que está metida.  Eso me exige mucha atención y una demanda de  humildad hacia mi mirada. 

    Se puede ver en La mejor de la ciudad una mirada sobre los márgenes (y quienes los habitan), un cuidado por lo roto, una mirada atenta con los (auto)excluidxs que toman fuerza y arremeten. ¿Cómo describir, y por qué, el malestar y el foco en lo destruido, en lo que jode, sin caer en la romantización? 

    Supongo que la lástima y la compasión hay que dejarlas de lado. En la literatura y en la vida, si fueran cosas distintas. Los personajes son contradictorios y quieren venganza. Yo quiero venganza, escribo por venganza. Y me parece una cualidad formidable. El buenismo no construye obras de arte.

    También, intuyo que tiene que ver con la literatura que me interesa como lectora: Arlt, Silvina Ocampo, Kafka, Lucía Berlín, Flannery OConnor, Carver, Violeta Parra, Cheever, Pizarnik, Liliana Heker, Dylan Thomas, Abelardo Castillo y muchas otras más. Sus personajes y sus poéticas están al borde. Y desde ahí, arremeten. Los personajes sin contradicciones me parecen chatos. Necesito que los personajes muestren múltiples dimensiones: lo posible, lo imposible.  Hay un descubrimiento en lo que son capaces de hacer y eso me resulta muy interesante. Ante todo, necesito escucharlos y ponerlos a hacer cosas , a intervenir en la realidad del cuento. Los personajes se me presentan y los escucho, los veo moverse. No pienso tanto en lo que a mí me importa del personaje sino que hago foco en lo que el personaje tiene para mostrar. De hecho tengo que limitar bastante mis intenciones como escritora ante la narración. Pero yo sé que la fuerza de la obra está en esa escucha atenta y no en mis deseos. Cada cuento que corrijo y funciona es la demostración de eso. 

Otro hilo de lectura que encuentro es el de la enfermedad; como un punto de inflexión, como algo que mueve y es movido en el cuerpo del enfermo pero también en los “sanos” que lo rodean ¿Qué encontrás en esas imágenes, en esas palabras?

  • La gente felíz no tiene historia, escribió Simone de Beauvoir y yo pienso: la gente sana no tiene historia. La salubridad es una especie de mito, con múltiples aristas que, en determinadas clases sociales, es un hecho concreto (o por lo menos se piensa en eso) y, en otras, pareciera un territorio desconocido. Llegar al médico, o a la consulta, forma parte de una fantasía bienpensante. Cuando se es pobre, se llega al hospital en los peores estados (o en los últimos). Pasé muchos años de mi vida acompañando a mi madre y a mi padre por hospitales, clínicas, internaciones.  Hay un universo enorme entre esos pasillos, salas de espera, intervenciones, secretarias, enfermeras y enfermeros, médicas y médicos. Puedo recorrer los hospitales en los que estuve de memoria y, los que no conozco, también. Hay una especie de mapa común en las instituciones de salud. Como si el cuerpo se organizara y supiera dónde encontrar el laboratorio, dónde el patiecito para fumar, dónde la capilla. Cualquiera que transitó esos lugares lo entiende. Me importan, en general, los huecos. Los espacios en donde pasan cosas distintas a las esperadas, casi impensadas. Para la ficción no hay imposibilidades. Hay capas que se despliegan. Eso me interesó, cuando pensé en un hospital o en una situación de enfermedad: qué puedo poner a funcionar acá, qué es lo que puede abrir otra capa de sentido. Por ejemplo, pacientes que fuman, una muerte que pueda contarse sin tristeza, el sexo en una guardia. Esa es la literatura que me interesa escribir. Creo que tiene que haber algo más y en eso interviene la premisa de que el realismo no copia la realidad sino que la inventa. Hay que encontrar ese espacio por donde ensanchar lo dado. De todas formas, cuando rezo, pido por salud. Así que no se bien qué significa del todo pero sí sé que está dentro de mis motivaciones. 

¿Qué o quiénes te inspiran?

  • Ya nombré algunas y algunos escritores. Considero que la lectura es fundamental para escribir y para vivir.
    También, me inspiran las conversaciones ajenas, soy una gran chismosa. Escucho y miro al mundo con una especie de confianza tonta de que cada cosa está diciendo o mostrando algo. No digo que todo sea material artístico pero digo que me gusta andar atenta. Supongo que esa observación constante, casi en alerta, también tiene que ver con haber curtido la calle, si vas distraída sos pollo.
    Desde hace unos años estoy muy involucrada en lecturas que tienen que ver con las artes plásticas, supongo que es una curiosidad que surge de mi desconocimiento de la práctica en tanto su técnica o procedimiento. Me fascina ver obras y leer todo lo que encuentro sobre pintoras/es. Para mí es sumamente necesario involucrarme en otros lenguajes. Entrenar también me inspira, muchas imágenes de relatos me llegan después de entrenar pole o boxeo. El cuerpo en estado de cansancio físico es una gran inspiración, como si fuera un cansancio por derrota. Las pérdidas, la bronca y la venganza son grandes inspiraciones. Pero cuánto más me  encuentro escribiendo o corrigiendo más necesito hacerlo así que diría que lo que más me inspira a escribir es escribir. 

¿Qué es para vos un momento de cesura?

  • Esta entrevista podría pensarse como un momento de cesura. Ya que fue un rato, un tiempo, en el que me dispuse a contar algunas cosas que pienso sobre mi escritura y a pensar cosas que no había pensado. Una especie de freno o retirada de lo habitual. Como cuando una jugadora levanta la cabeza y mira a sus compañeras, a las rivales,  antes de hacer el pase. Parar la pelota. Pienso en el poema de Montalbetti : 

(…)

“el cuatro está solo” es que el espacio

delante del cuatro

se puede abrir.

¿A qué? al movimiento, dice Juan Román Riquelme.

El movimiento exige la soledad de espacio.

(…)

Creo que sin cesura no hay movimiento. La cesura es, en mí, el espacio que se me abre alrededor. 

5 comentarios en “ENTREVISTA CESURA A LETICIA MARTINEZ”

    1. Muchas gracias, Natalia 💜 Emociona saber que disfrutaste la entrevista. Leti tiene esa magia de transformar cada palabra en luz y escritura, y es un placer poder compartirlo.
      Un agradecimiento especial por ser la primera que se anima a comentar en el blog, mi trabajo estaba en peligro.

  1. Valeria Andrea Velázquez

    Me encantó la entrevista!! Cada retazo contiene la escencia de Leti en su hacer.
    Tuve la oportunidad de conocerla en un taller , en mi escuela, y nos brindó su universo de amor a la poesía y a la palabra.

    1. Gracias Valeria! Nos alegra mucho que hayas disfrutado la entrevista y que recuerdes con tanto cariño el encuentro con Leti.
      Podés descubrir más entrevistas y textos de otros autores en nuestro blog, donde seguimos compartiendo distintas miradas sobre la escritura y la palabra.

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