Triángulo Editorial

CESURA, ENTREVISTA A MARCELO DIAZ POR AGUSTÍN BUSNADIEGO

¿Hay algo más grande que el tamaño de lo que se desea? ¿Es la poesía un arco capaz de atravesar la oscuridad del mundo? ¿qué habla en nosotros cuando nos esperan? Las preguntas como forma de abrir mundo, de ir a tientas, agazapado; entrar a la escritura como quien pide permiso, pero sabe que se quedará por siempre; porque a todo lugar se entra mejor si es con una duda. Pero también están las preguntas oblicuas, corridas de lugar, que parecen entonar una afirmación, que revelan en su cuestión un mundo que estaba oculto, una pregunta como fuego, como luz, como llamarada.

Marce, me permito arrancar preguntándote lo siguiente: ¿qué lugar ocupa para vos, para tus poemas, para la voz en tu poesía, la pregunta?

Es una tensión en mi caso. Hay una línea de la poesía, por ejemplo en los 90, un conocido poema de Casas que termina con la frase: Todo lo que se pudre forma una familia. Alejandro Crotto desarrolla esas resoluciones que incluso no son propias del objetivismo. La resolución enunciada como una sentencia o una verdad encierra de fondo y pone en evidencia una verdad. Quizá lo que cualquier lector o lectura de poesía busca.
Voy a otro ejemplo conocido de Mary Oliver: ¿Qué piensas hacer con tu única y salvaje vida? si nos detenemos la pregunta es de una intensidad que tranquilamente iguala o supera una sentencia. Para conservar ese efecto de verdad/sentido/ intensidad, por qué no ir por las preguntas.
Al final en mi caso es una doble voz que se amplifica, sin ser un monólogo, una manera de sostener la atención suspendida de los lectores. Y creo que es una duda que ayuda a revisar la propia escritura, a revisar borradores, a calibrar un tono referencial con un tono emocional.

Puedo leer en varios de tus poemas una insistencia en la pérdida, en las cosas astilladas, en otra forma de encontrarse con lo que a simple vista parece desechable ¿de dónde viene esa insistencia, si crees que la poesía puede ser algo roto?

Esa pregunta es muy buena, me acuerdo de un verso de Litvinova en Grieta donde dice: vos ya estabas roto desde antes. Ayer terminé de leer La errancia de Alicia Genovese y algo hay de escribir con vistas a futuro a pesar de lo perdido.
La perdida es otro nudo: se pierden afectos, hábitos, espacios literalmente hablando, y las relaciones se transforman, se desdibuja el plano del futuro, la memoria, la demora en el día a día y así.
Hay una rumiación con la pérdida que se vuelve rítmica, como en el poema El núcleo duro de Fernanda Música. Me gustaría creer que hay una forma de reescribir algunos puntos del pasado, quizá exista y si no la hay queda reescribir hasta donde se pueda una parte minúscula de la que vendrá: no creo que haya forma de que la pérdida sea una poética o un ejercicio, es un ciclo, como el de los planetas o el universo de la flora en términos sincronizados.
Me intriga y me genera sugestión el futuro: por eso pregunto, quizá algo de ese punto dorado de referencia de la pérdida se pueda recrear.

En un poema del libro El arquero real aparecen estas hermosas líneas

También los monstruos
precisan de nosotros
para existir.

¿qué relación y qué mirada tenés de la monstruosidad, de lo raro; de esos sujetos u objetos que de repente no parecen interesantes o amables?

Ese es un poema de otra vida pero en el fondo quizá El arquero real es una fábula que espera ser reescrita por una cuestión de estilo. Ahora la lectura que haría es otra pregunta: ¿Cómo hacer para construir un refugio en un mundo que tiende a desintegrar los vínculos con los otros?
Hoy el otro aparece como una amenaza, podría citar sobre eso, pero lo digo de manera intuitiva. Cómo recuperar los afectos en una época donde el universo está sujeto a la contingencia y ciertas formas novedosas de la soledad consecuencia de demandas permanentes segundo a segundo. En qué momento naturalizamos este estado de las cosas. La poesía creo que todavía nos permite encontrarnos, es una balsa en medio de un océano de incertidumbres.

En el mapa de tu poesía los animales y los bichos tienen su lugar predilecto: zorritos, peces, bisontes, luciérnagas, pájaros, un galgo, un alce, inclusive el título del libro ya mencionado, el arquero, el cazador, ¿qué es aquello que te llama en esas figuras, en esos seres?

Vanina Colaggiovani hizo hincapié en ello en Bildungsroman. Laudecina en sus últimos libros y Sonia Scarabelli o Teresa Arijón. Y Susana Villalba. Y varias más.
Fuera de tema se me viene a la mente el hijo de Sylvia Plath, que dedicó su vida al estudio de las ballenas y luego se suicidó hace pocos años.
Qué hay en el idioma de las ballenas, de un animal silvestre o doméstico que lo hace intraducible, qué moviliza la voluntad de un jabalí o moviliza el acto de arrojarse al vacío como un lemming.
Es un aprendizaje simulado, el comportamiento de un animal es una metaforización del modo en que funcionaría el mundo tal vez.
El límite está en la voz, cómo se traducen esos sonidos venidos de miles de años contenidos en esas criaturas. La sensibilidad para capturar una imagen animal ya alcanza para un poema. Hay presas y depredadores pero también hay vínculos solidarios; no todo está sujeto a la depredación. Hay regeneración, formas de sanar y maneras de sostener comunidades de una manera recíproca: eso me atrae. ¿Y si el sonido de las ballenas se pudiera traducir qué dirían?

Tanto en “Bisonte” como en “Figuras en el asfalto” (de Bildungsroman) aparece el desamparo como una voz que lo une todo. Más allá de estos dos poemas, ¿qué encontrás de bello, de valioso, en la fuerza de aquello que parece ferozmente atacado y sin embargo permanece?

Esa pregunta es re emotiva, no creo en las pasiones tristes o alegres, creo en una convicción: podemos habitar el mundo sin dejar de sabernos vulnerables, con nuestros miedos, con o sin esperanza, la vulnerabilidad es un brújula. Y si hay tantas personas escribiendo poesía, más allá del ego y de la sensibilidad, capaz que sabernos vulnerables nos acerca a la poesía y nos llama a ser protagonistas desde la lectura y la escritura: un movimiento de defensa frente a la hostilidad del presente.

El poema “La formación de la lírica” (BIldungsroman) termina:

Para cualquier daño anterior
yo tenía el don del olvido,
sin embargo
aquí estoy llegando
a tu manera
tan diferente a la mía

Y me gustaría tomar este ejemplo para hacerte varias preguntas generales sobre cómo construís tus poemas. Hay un cuidado muy peculiar por el peso de los títulos, las indicaciones al costado de epígrafes, los juegos nunca agotados de la referencia (“todo poema/ termina siendo una canción de amor”), y cómo el texto parece nunca estar cerrado. ¿Cómo se configuran en tu proceso creativo todas estas líneas de fuga que nutren al poema?

Esa observación está calibrada. Además de los animales están las canciones, el poema como canción y la canción como poema. Sueño que los poemas alguna vez se conviertan en canciones o en oraciones laicas: ese efecto
En cuanto a La formación de la lírica es un poema y es un libro que los algoritmos los anudan en un mismo plano. Bajour, Andruetto, Genovese, Cohen y Battilana repararon en ello: es una orientación de procesos de escritura. El título se pulveriza en dos dimensiones.
a. Es una respuesta frente al registro testimonial, al uso de ciertas formas del yo que no pueden ser encerradas -desconfío de las poéticas en estás últimas tres décadas- y una apertura.
b. Es una manera de agrupar voces en un mismo lugar y de redireccionar la escritura sobre la lectura y se pulveriza porque cualquiera que quiera restringir un libro de poemas en una tradición hoy capaz que no pueda a no ser que sean lecturas forzadas y predomina la diversidad, la emoción como un modo de saber que estamos aquí y ahora en el mundo.
Los epígrafes y los títulos del poema hacia el interior de la obra funcionan de un modo, y su circulación la desconozco. Hace dos meses una poeta joven, Virginia Cagnolo, recuperó La sombrilla de Wittgenstein y El arquero real.
En física existe la teoría de los nudos: cómo se anuda un poema. En mi caso con reescrituras, ampliaciones, revisiones y creo que, y en eso coincidimos con Mario Ortiz, es indispensable leer lo que se está escribiendo y leyendo y a la vez salirse de allí y ubicar la lectura en autores que se han quedado un poco en el olvido.

Como tengo la suerte de haberte escuchado y compartido mucho con vos, puedo decir que aparte de un gran poeta, sos también una persona muy inquieta y bondadosa con las “nuevas” generaciones de escritores. Teniendo eso en mente, ¿cómo ves el panorama actual de la poesía en Córdoba?

Gracias antes que nada. No es sólo Córdoba, es el Litoral, el Noa, el Nea, Bs. As. Me gustaría hacer un mapeo y sumar nuevas voces y ampliar el campo de lecturas.
Es un doble movimiento el que realizo: recupero voces para su curaduría y a la vez, Córdoba difuminó fronteras. Tengo una lista de autores y autoras jóvenes menores a 30. Hace poco escuché a Cagnolo, vos, Camila Urresti, Gael, Agustina Ayala, Nina Reches, Tamara Grosso, Mercedes Russo o Lourdes López. Faltaría recordar los talleres de Pavón o de Celeste Diegues o nombres de La Universidad de Hurlingham. Sí prestamos atención en estos últimos casos hay muchos nombres que han circulado por espacios legitimados dentro y fuera de nuestra provincia. Me gustaría tener tiempo para agregarlos a revistas, reseñarlos, pero ha sido un año complicado para ejercitar la pausa.

¿Qué significaría para vos un instante de Cesura?

Voy a dos libros claves Pausa versal de Levertov y Notas para una tanza de Gruss.
En el primero la pausa del poema está en la respiración, a veces no hacen falta comas, y en el segundo hay como una atención de arquero en modo zen que calibra la emoción pero sin llegar a desbordarse.
Eso creo que es significativo para dialogar con un otro. En el último tiempo vengo pensando en poemas largos que dentro suyo utilicen repeticiones, narraciones dentro de narraciones, pero sin decir es un juego de cajas chinas, que la voz se disuelva y las tramas y versos de los poemas se vuelvan sincréticos. Para qué: para generar un efecto de mantra, de una atención flotante sostenida, no como evasión más bien una forma de habitar el mundo.

Un poema de cierre

Viajado

Una barca es y no es
cuando se hunde
ambas desaparecen
Issa Kobayashi

a Jimena Tallone


De repente pienso en la representación

de una pluma, no sé
la memoria casi mnemotécnica repiqueteando
en los versos de Emily Dickinson,
tampoco me aprendí los vocablos de los pájaros
y sin embargo me acuerdo de esa vez
en casa. ¿Qué sería un viaje
sino tan sólo otra representación? Ya no la pluma
si no quizá un trineo y la polvareda de la nieve
desvaneciéndose en el paisaje mental
con un efecto para nada lírico.
¿Dónde guardaste tu voz?
Sos joven, no sos feliz, ahora vas a contar:
Uno, dos y tres hasta desaparecer
como un zorrito dorado en la visión de un arquero
maravillado por tus ojos
y el mapa de tus huellas que conduce a tu hogar
para más adelante encender una fogata y dormirnos
uno al lado de otro.
¿No era eso el amor?
Aquello que me dijiste: “gracias por estar,
es navidad, mi vida sigue electrizada por la tristeza
¿me vas a querer igual?”
En la noche más oscura cubierta de nieve
con todo el resplandor de las sombras.
Vuelvo: ¿Encontraste tu voz?
¿Y dónde la perdiste? ¿Fue en esa noche?
¿Fue mientras nos imaginábamos
cayendo
como esa pluma del poema
que yo me repito de memoria?
pero vos ni siquiera lo encontrarías en una canción
y contra todo pronóstico igual
¿sabrías que hablo de vos? ¿O acaso la perdiste en el trineo
yendo hacia quién sabe dónde?
Esa única noche, digo:
en la formación de la lírica el proceso
es parecido al de la descomposición de una helada
sólo que la claridad del frío
se desvanece a la inversa de la luz
hasta convertirse en una emoción nublada
como un archipiélago
alrededor del círculo polar.
¿Qué me ibas a decir? ¿El trineo? ¿Tu voz?
El poema que no leíste pero y sin embargo es como si.
¿Qué escuchaste?
El ángel de la tristeza acariciándote,
susurrándote por lo bajo: “Una chica y un hombre van perdidos,
háblale dice el ángel, ahora háblale
pueden construir una casa: primero la tierra y después
una cabaña de madera rodeada de pinos
y al último un sueño compartido
donde un ángel te habla y te acaricia y así?”
Cada tanto quisiera ser un auricular
a veces de oro
a veces de plata
sostenido en la imagen acústica de tu corazón,
un poema que refiere a otro poema que no leímos
una fábula dentro de una fábula,
la narración de un cuento de hadas
que al final termina su recorrido en el mismo punto
donde nos subimos en un trineo imaginario
para no regresar nunca
y por más que lo intentamos
una y otra vez
terminamos en el mismo lugar
donde esta historia recién comenzaba.

16 de Diciembre,2025.

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